Impuesto a las bolsas plásticas

Imponer un impuesto a las bolsas plásticas o prohibirlas es una solución como la del padre que saca el sofá. El problema de las bolsas plásticas tiene diferentes aristas que hay que analizar y desde donde surgen unos puntos para mejorar, o si prefieren, unas alternativas para generar nuevos emprendimientos.

Empecemos por mirar la preocupación actual frente a las bolsas plásticas. Por un lado está el activismo ambientalista que nos muestra el problema de los microplásticos en los océanos y por supuesto también en otros ecosistemas, junto con la frase de que es un material que tarda 400 años en degradarse. Hay algo que no se mira aquí y es que si nos pasamos a utilizar otros materiales como el algodón, telas y el papel para reemplazar las bolsas que utilizamos, el impacto que habremos generado no será en los océanos, será en los suelos donde se cultive el algodón, o en las regiones donde se laven y confeccionen las telas o en la industria del papel. Esto es lo que se en términos ambientales se llama un “trade-off”, es decir cuando reemplazamos un impacto por otro y la decisión a tomar debe ser la mejor posible. Les debo decir que esta no e sla mejor decisión posible. He de aclarar que defiendo la existencia de la bolsa plástica por una razón y es que es la mejor forma para manejar los residuos en nuestros hogares sin pasarnos a un escenario de tener que gastar agua y detergentes en exceso, obviamente usando bolsas que no contengan perforaciones.

Ya con la preocupación vista, miremos las oportunidades que existen para mejorar el panorama de las bolsas plásticas. Por una parte, indudablemente hay que dejar de usar bolsas para todo y creo que eso hace que desaparezcan las bolsas pequeñas que nos entregan en las farmacias y en las ferreterías. También desaparecen las bolsas muy delgadas que además suelen perforarse y romperse con mucha facilidad. Nos quedan las bolsas que podemos reutilizar y que como en mi caso son las que utilizo para las canecas que tengo en mi casa. Unas perforadas para manejar residuos secos (normalmente las reutilizo hasta que toque cambiarlas), otras perforadas para almacenar los materiales potencialmente reciclables y las que no tengan perforaciones para manejar los residuos ordinarios que salen en la cocina.

En este punto nuevamente miremos una oportunidad. El material de la bolsa para manejar los residuos de cocina no debería ser un plástico, en su lugar debería haber un bioplástico (ojo que es diferente de los plásticos oxobiodegradables que también son parte del problema de los microplásticos) que se degrade con los residuos que lleva y que no termine siendo parte del problema de los microplásticos en los océanos y otros ecosistemas acuáticos y marinos. Por su parte, la bolsa para manejar los materiales potencialmente reciclables debe no sólo poderse reciclar, sino que debe existir un interés de las autoridades locales para existan empresas con la tecnología para reciclar este tipo de materiales. Indudablemente hay que hacer una reingeniería a los plásticos y sus compuestos para eliminar la toxicidad en su producción y el primer problema a atacar está en los plastificantes que tradicionalmente se usan.

Por último estamos nosotros como consumidores. Lo primero es que nos deben educar y esto nuevamente es deber de las autoridades locales y nacionales. Aquí hago un llamado a las autoridades frente a las políticas de educación ambiental y por supuesto a incluir fondos de educación en las tarifas de aseo o en impuestos a bolsas y productos desechables similares. Lo otro es que existan lineamientos claro, aplicables a todos los contextos (no sólo para las grandes ciudades) y por supuesto que se mejoren los servicios de aseo y alcantarillado que es una de las fuentes que logran llevar las bolsas hasta los ríos y de los ríos a los océanos.

Para finalizar resumo las oportunidades existentes frente al tema de las bolsas. Por un lado sustitutos para bolsas pequeñas de ferreterías y farmacias. Segundo educación para disminuir el consumo de bolsas y hacer un uso responsable de las mismas. Tercero, reingeniería de los plásticos de las bolsas para tener productos biodegradables de corto plazo o materiales inteligentes (una opción son los bioplásticos) y mejorar los ingredientes y espesores de las bolsas actuales para que sean más resistentes (menos perforaciones), menos tóxicas en sus procesos de fabricación y que sean reciclables. Por otra parte la función del Estado para garantizar infraestructura para el manejo de los residuos y el servicio de alcantarillado, políticas de educación ambiental claras, fuentes de financiación para la promoción de la educación ambiental (especialmente para los adultos en sus hogares) y promoción de emprendimientos con  tecnología adecuada para reciclar bolsas y otros productos plásticos que pocos procesan y manejan.

Como verán, el impuesto no soluciona el problema de fondo. Tan sólo logra desincentivar el uso y ese es tan sólo un puntico en la problemática.

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