Smartcities en América Latina

Las Smartcities están ocurriendo en todo el mundo, principalmente con la ayuda de los beacons, sensores y los dispositivos inteligentes (smartphones y smartTV) que ya poseemos, por supuesto respaldados por redes WiFi para el envío de información. Implica conectividad, toma de decisiones inteligentes, eficiencia en el uso de recursos y mucha información para tomar decisiones. También está involucrado el concepto del tiempo, ya que las ciudades se han vuelto más congestionadas y a veces el tiempo pareciera desvanecerse tan sólo en ir y volver del trabajo.

Los avances tecnológicos que han llevado a hablar de la Cuarta Revolución Industrial (Internet de las cosas, teléfonos inteligentes, Big Data, Inteligencia Artificial, drones, energías renovables, entre algunas otras) nos están permitiendo que las SmartCities sean una realidad. ¿Y esto para qué sirve? Por supuesto hay que definir un objetivo de la ciudad para enfocar la tecnología y sacar el máximo provecho. Hay quienes han utilizado el concepto de las SmartCities para hacer un mejor uso de la energía eléctrica en sus ciudades o para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero. Se puede también, tener como propósito que las personas vivan más felices en sus ciudades y esto va de la mano de condiciones de trabajo, seguridad, manejo del tiempo, conectividad y algunos otros factores particulares de cada cultura.

De pronto se debe estar preguntando qué son los beacons que mencioné anteriormente. Son pequeños dispositivos que contribuyen con la conectividad y permiten enviarle información a su dispositivo móvil a través del Bluetooth de Baja Energía (Bluetooth Low Energy) o de la red inalámbrica (WiFi). Funcionan como faros de navegación y se pueden utilizar para muchos fines, como por ejemplo para orientarnos en un museo o en un aeropuerto y para fines comerciales de las empresas. También hay beacons conectados a sensores que nos pueden indicar la temperatura e incluso la calidad del aire de un lugar para generar alertas.

No existen un prototipo único de Smartcity, realmente el desarrollo se va dando poco a poco gracias a la innovación y a los avances tecnológicos. También las ciudades miran sus propósitos a atender con la tecnología. Hay quienes han buscado, por ejemplo, mejorar la experiencia de los turistas en sus ciudades o se han enfocado en las personas discapacitadas. La tecnología hoy nos ofrece muchas alternativas para utilizarla y de nosotros depende hacer la integración de muchas de estos bloques tecnológicos para mejorar la calidad de vida de las personas. La imaginación es el límite.

Existe varias ciudades latinoamericanas que le apuntan al tema de las Smartcities. Han hecho una apuesta a tener una buena conectividad y a buscar alianzas público-privadas para desarrollar diferentes soluciones que por supuesto le mejoren la calidad de vida a las personas. A pesar de lo que se viene desarrollando, todavía hay todo un universo de posibilidades con las nuevas tecnologías y las necesidades insatisfechas que se van encontrando entre los ciudadanos y los problemas que afronta a diario la administración de una ciudad. Ya vemos soluciones de seguridad con drones y poco a poco se ven en el mercado soluciones aplicando el internet de las cosas. Indudablemente también se ve un avance en aplicaciones móviles y la integración de componentes tecnológicos que nos ayudan a mejorar la vida. Todavía nos falta mucho por ver y tenemos grandes retos por delante.

Por último he de decir que las Smartcities también le pueden apuntar a la sostenibilidad. En la medida en que manejo información y tomo decisiones con esa información, puedo hacer que la ciudad opere más eficientemente. Pensemos en la infraestructura de una ciudad y los servicios públicos que nos proveen. El transporte público puede operar con demanda en tiempo real, la energía se puede generar y distribuir en tiempo real y puedo tener sistemas de alarma y control en tiempo real. Puedo tener sistemas de recolección de basuras controlados por alguna señal en particular, en fin, las opciones que hay son casi infinitas y existe mucho por hacer en esta materia. No me queda más que decir que si tiene una idea al respecto empiece a crearla y pronto la verá en las ciudades más inteligentes del mundo.

Gestión de Residuos: una aproximación desde la Economía Circular

En la economía circular no hay residuos, se habla de nutrientes y materiales, unos que pertenecen al ciclo biológico y otros al ciclo técnico. Es decir, los residuos no existen porque hacen parte de los ciclos y se reintegran por un lado como nutrientes para mejorar nuestros suelos principalmente en la agricultura y por otro lado los materiales se valoran como materiales y van a ser reutilizados constantemente. Basura cero dirían algunos, otros verían el concepto de basura de los chinos, donde la palabra que se utiliza para hablar de residuos es la misma que para hablar de recursos mal ubicados. Esto iría de la mano con el dicho “la basura de alguien es el tesoro de otro” y esto no aplica solamente a quienes tienen un sustento a partir de los residuos.

La jerarquía de la gestión de los residuos establece que lo primero que se hace es trabajar para evitar que se generen residuos. Esto nos lleva a varios escenarios. El primero es el del consumidor, donde se debe educar para comprar adecuadamente y para no comprar cosas innecesarias. Lo segundo está en los productores, donde se requiere eliminar todo empaque innecesario y por supuesto, hacer que tanto empaque como producto sean parte de los ciclos biológicos y/o técnicos. No es que el empaque y el producto sean reciclables (y muchos creen que como es de plástico inmediatamente lo convierte en reciclable), sino que aporten valor a algún ciclo. Las empresas deben pensar que si mañana la ley les exige responsabilidad extendida sobre sus productos (lo que también se denomina responsabilidad postconsumo) puedan hacer algo productivo y que genere valor con lo que retorna a sus manos.

En el tema de los materiales y los residuos hay que hacer una valoración económica. Pensemos en un envase de bebidas hecho de algún plástico, puede ser polietileno de alta densidad, polipropileno o PET. El envase le puede costar a una empresa entre 5 y 50 centavos de dolar (según material y tamaño), precio que por supuesto le tramite al consumidor. ¿Podría el productor devolver este mismo dinero al consumidor si este retorna el envase? Si vamos a un escenario de reciclaje, el mismo envase probablemente vale entre un 10 y 30% de su costo original… claro hay que agregarle valor al lavarlo, quitarle las etiquetas (y a veces el pegante) indeseadas que normalmente son en PVC, retirar la tapa y separar los diferentes materiales. Aún así, no recuperaremos más del 70% del valor, porque por supuesto la energía embebida en el proceso de inyección y soplado del envase no regresará, así como el valor agregado por el transporte y en algunos casos los costos de desinfección del envase antes de su llenado.

El problema, aunque puede parecer complejo se puede empezar a resolver. La tecnología hoy nos permite, por ejemplo, retirar la marquilla en PVC para reemplazarla por grabados permanentes, si bien es un tecnología que aún requiere desarrollarse aún más. Ya existe tecnología para convertir una botella usada en una nueva botella (hay cuestiones higiénicas y de resistencia de materiales involucradas) que pueden aprovechar parte de la energía embebida en los materiales. Y por supuesto le podemos dejar el lavado y cuidado del envase a los consumidores para que sean parte importante del proceso y que ojalá las empresas y los gobiernos los eduquen para que hagan bien su trabajo.

Aunque el tema de la economía circular parezca utópico ya muchos están trabajando en esto. Por supuesto hay algo que considerar y es que los materiales actuales eventualmente hay que desecharlos, por lo que seguiremos teniendo soluciones de final de tubo (rellenos sanitarios, incineradores y algunos otros sistemas) para poder manejar estos residuos.

Como verán, este es tan sólo un pequeño ejemplo del reto que tenemos que abordar en el manejo de las basuras, que usualmente se hace ya cuando el residuo se generó y no hay nada más que hacer que tratarlo. El tema hay que verlo desde la holística, o si quieren de la cuna a la cuna, para allí encontrar el potencial de mejora para rediseñar cadenas productivas y por supuesto dejar de generar residuos innecesarios. Por último, el papel de nosotros como consumidores informados es fundamental.

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Los Millenials y la Sostenibilidad

Mucho se ha hablado acerca del comportamiento de los millenials y recientemente se han realizado varios estudios al respecto. Son una generación que indudablemente siente la necesidad de dejar huella en el mundo, de transformar lo malo (o lo bueno que hemos dejado de hacer) de las generaciones anteriores. Para ellos los problemas ambientales y la injusticia social los ha marcado y se sienten con deseos de cambiar la realidad, además de todo utilizando la tecnología como una herramienta infaltable.

Esta es una generación a la que hay que acompañar en sus pasiones; a la que no se le debe decir “no se puede”, sino “¿cómo lo hacemos posible?”. Hay que escucharlos porque primero son los que empiezan a mover una fracción considerable de la economía del mundo y porque son el presente de las organizaciones. Ellos esperan mucho de las empresas y de la responsabilidad de las mismas. Su propósito de cambiar el mundo se debe ver reflejado en las empresas en las que trabajan o sino prontamente abandonarán las empresas para ir detrás de sus sueños. Son emprendedores y aunque a veces no los entendemos son dedicados a lo que les apasiona.

Hoy los millenials son el reto de las empresas. Ya no son los babyboomers con deseos de estabilidad laboral, carro, casa y beca. O tampoco los de la generación “X” que somos grandes competidores y diría que a veces hablamos de más frente a lo que hacemos, si bien somos trabajadores incansables que buscamos un equilibrio en nuestras vidas. Los millenials parecieran no tener sentido de pertenencia en las organizaciones, pero si están allí es porque algo de la empresa los atrajo y cuando se van es porque dejaron de sentir esa pasión o algo cambió al interior de la organización.

La idea de un mundo mejor les apasiona y ya los vemos siendo parte de marchas por la educación, en contra de la corrupción de los políticos, en contra de empresas involucradas en malas prácticas, en fin en todo lo que nos saca a relucir los aspectos de la humanidad que debemos cambiar. Ya los vemos siendo grandes agentes de cambio y como lo mencioné antes, llevan en la sangre el ADN de la sostenibilidad o por lo menos de la mejor humanidad que sueñan.

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A propósito de las prácticas sostenibles de proveedores

El diario la República en Colombia publicó estos datos acerca de las prácticas sostenibles de seis empresas frente a sus proveedores. Sé que no son las únicas empresas trabajando en este tema y aún así percibo que el camino en prácticas sostenibles en Colombia y en general en América Latina es a penas insipiente. Falta mucho trabajo por hacer y ante todo falta más convicción de las empresas para encontrar en su propósito una razón constante para trabajar de la mano de sus proveedores para trabajar en pro de construir una mejor humanidad.

Sin el ánimo de criticar las buenas acciones de las empresas aún veo una mezcla de acciones de Responsabilidad Social que se disfrazan como temas de influenciar a los grupos de interés (o partes interesadas) para trabajar en pro de la sostenibilidad. Sé que el camino en la sostenibilidad es largo y que lo más recomendado es dar un paso a la vez, aunque hay algunas empresas que no saben cuál es el paso que deben dar o hacia dónde. Mucho es lo que se copia de otras empresas y a veces poco lo que se incorpora de un análisis real de la empresa y su entorno. No hay que mirar afuera para encontrar los problemas de mayor impacto, hay que mirar adentro, al día día, a la situaciones que se pueden hacer de la mano de los proveedores.

¿Quieren propuestas? ¿Qué tal si tocamos temas como la movilidad? ¿O si vamos a condiciones de cómo reducir la cantidad de embalaje de las materias primas? ¿O cómo hacer un mejor uso de los subproductos para no llenarnos de residuos industriales? O si quieren algo más para iniciar, generen espacios de discusión constante para cumplir con el Objetivo 17 de los ODS y entre todos apadrinar alguna de estas iniciativas. Nos falta como país y como región un trabajo más fuerte con nuestros grupos de interés tanto para influenciarlos a caminar por la sostenibilidad como para caminar juntos y no perder el norte de nuestras acciones. Recuerden que esto no es filantropía, ni llenarse de buenas acciones para hacer marketing social, es de hacer acciones que fortalezcan el negocio de las empresas generando impacto en la sociedad, el medio ambiente y la economía de las regiones.

Termino por aplaudir a quienes ya vienen trabajando muy fuerte en estos temas y también a aquellos que no quedaron en la infografía del diario. La pasión del trabajo bien hecho se les nota y lo mejor es que lo irradian a otros. Faltan más empresas unidas en influenciar a sus proveedores, especialmente a aquellas pymes que agregan valor a muchos productos e incluso son parte fundamental de los servicios que prestan algunas otras empresas. Necesitamos más acciones y por supuesto más empresas trabajando en construir una mejor humanidad.

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Impuesto al Carbono

Con la reciente reforma tributaria en Colombia (Ley 1819 del 29 de Diciembre 2016) ha llegado la era de pagar por las emisiones de CO2. Se ha establecido que por cada metro cúbico de gas natural que consumamos debemos pagar $29, por galón de gas licuado $95, por galón de gasolina $135, por galón de Kerosene $148, por galón de Diesel $152, y $177 por galón de Fuel Oil. Primero, causa curiosidad el hecho de que el carbón como fuente energética no aparezca referenciado en las condiciones del impuesto, y de pronto la razón es porque afectaría aún más a las centrales de generación eléctrica de base térmica en el país.

Aunque muchos pueden ver este escenario como un aumento en el costo de los hidrocarburos, otros los vemos como una gran posibilidad para fomentar el uso de energías renovables en el país y por supuesto otras iniciativas encaminadas a la captura de carbono. La Ley establece lo siguiente: “El impuesto no se causa a los sujetos pasivos que certifiquen ser carbono neutro, de acuerdo con la reglamentación que expida el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible”. Para las empresas que figuran como grandes consumidores de combustibles en el país, es una buena oportunidad para hacer inversiones que les permita convertirse en “Carbono Neutro”. ¿Y esto qué significa? En pocas palabras, que si tiene acciones que reduzcan sus emisiones hasta el punto que lo que si sumamos la reducción (valor negativo) a las emisiones causadas (valor positivo) el resultado debe ser cero o un valor negativo.

Falta la reglamentación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, que debe ir de acuerdo con los compromisos de la COP21 y por supuesto debe buscar reglamentar todas las Acciones Nacionalmente Apropiadas de Mitigación (NAMA de sus siglas en inglés). Esto es una gran oportunidad para promover realmente el uso de las energías renovables y por supuesto de iniciativas de captura de CO2, entre las que se encuentran los bosques, manejo de biomasa y manejo de microalgas, entre muchas otras que se pueden encontrar.

En el escenario de las energías renovables hay muchas alternativas, primordialmente asociadas a tecnologías solares en las que las empresas pueden invertir para compensar sus emisiones y llegar a ese escenario de ser “Carbono Neutrales”. Por supuesto hay que ir a las tablas de cálculo de costos de proyecto (quitando las excepciones que incluyó la Ley 1715 de 2014) versus los costos de los impuestos al carbono y determinar la viabilidad de los proyectos.

Hay quienes podrán decir que la iniciativa del impuesto sólo busca desestimular el uso de combustibles fósiles, sin embargo hay que verlo como la gran oportunidad de que las empresas se pase al escenario de la mitigación de las emisiones de CO2 y CO2 equivalente como una excusa para quedar exentos del impuesto.

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¿Burbuja de la sostenibilidad?

Ayer estaba leyendo un informe del Rocky Mountain Institute (State of the World 2013: Is Sustainability Still Possible?) donde los investigadores evidencian el desgaste de la palabra “Sostenible” o “Sostenibilidad” hasta el punto de destruir la esencia fundamental del concepto. Considero que en parte esto puede ser cierto, pero también lo que ha ocurrido es que se ha sobredimensionado el concepto, se espera algo apoteósico y no acciones de todos los días. Esto hace que tenemos comida sostenible, ropa sostenible, vehículos sostenibles y por qué no decir que personas sostenibles.

La sostenibilidad es un camino enfocado al cambio de nuestros hábitos y costumbres, un cambio que requiere que nuestras decisiones se tomen en un escenario consiente para generar abundancia en las personas, el medio ambiente y en el dinero. Como camino encontraremos a quienes hasta ahora inician, otros que llevan mucho tiempo caminando el sendero y otros que se quedaron atorados en algún punto del camino o quienes entraron por una iniciativa y pronto se desviaron. Esto hace difícil determinar qué es y que no es tan sostenible, y además hay que tener en cuenta que la sostenibilidad es dinámica y no estática. En los año 90 lo mejor era hacer ecología industrial o producción más limpia donde la meta era hacer las cosas menos malas para las personas y el ambiente. Muchos se quedaron ahí y mejor ahí que donde estaban antes. Hoy el tema es la economía circular y modelos como C2C, Biomimetismo, la Economía Azul y otros que están en un terreno donde lo importante es estar en un escenario de impactos positivos y no es admisible lo menos malo.

Considero que debemos tener claro que hay escalas en las acciones sostenibles de las empresas,  y se me ocurre que podríamos tener escalas como las que tienen los productos de eficiencia energética. Esto es mejor que matar el impulso de quienes vienen empezando el camino, quienes hasta ahora empiezan la transición y lo están haciendo de una forma tímida o superficial. Sé que no se quedarán allí, ya sea porque la normatividad se volverá más exigente o por condiciones de demanda del mercado. Pienso que quienes no se monten en el tema de la sostenibilidad será como quienes en la Era Digital pensaron que el Internet y todo lo que se venía desarrollando con los computadores y procesadores era transitorio, y lo único que hicieron fue montar su página web y cuando voltearon a mirar ya sus negocios estaban en puntos de los que no se pudieron recuperar, como el caso de Kodak ante la fotografía digital.

La sostenibilidad es un reto grande que requiere de compromiso y coherencia entre lo que se promulga y lo que se hace. No es filantrópica y debe verse reflejada en los estados de resultados de las empresas, en otras palabras, debe tener sentido para el negocio y requiere de innovación y mucha creatividad para explorar modelos de generación de valor o generación de abundancia de los que poco conocemos.

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Economía Circular

Ya se empieza a acuñar el término de economía circular entre los que nos hemos acercado al concepto de la sostenibilidad. Lo que busca es genera abundancia… ¿y qué es eso? Para ponerlo en términos sencillos, un ciclo ilimitado de recursos (materiales, energía, agua, aire, etc.) Recordaremos que nos enseñaron que existen los recursos renovables y los no renovables, y que estos últimos son limitados y algún día se pueden acabar. Podemos extender su vida al llevarlos a un estado continuo de utilizarlos sin agotarlos, es decir reutilizándolos y haciendo un uso adecuado de los mismos.

Empecemos con los combustibles y hablemos de los tradicionales. El petróleo, el carbón y el gas natural. Si necesitamos generar energía eléctrica, tenemos una mejor fuente de energía llamada “sol”. Entonces, podemos reducir el uso de estos combustibles en la generación de energía eléctrica utilizando fuentes alternas de energía como la solar (fotovoltáica), la eólica, la geotérmica (de baja profundidad), la hidráulica (sin alteración de ecosistemas) y por supuesto la maremotriz. Todas estas se alimentan del sol directa o indirectamente. Vemos casos de países como Costa Rica, Alemania, Dinamarca, Suecia, entre otros donde se cuentan con políticas claras acerca del uso y la promoción de las energías renovables, hasta el punto que han logrado alimentar su red con 100% fuentes renovables por algunos periodos de tiempo. El mejor galón de petróleo será aquel que ahorremos para algo que no podemos producir con otra fuente.

Por otro lado tenemos los metales y quiero hacer énfasis uno de los que más energía embebida tiene: el aluminio. Este metal tiene unas propiedades fascinantes que han ayudado a la eficiencia energética en muchos campos, como en el de transporte y el sector de alimentos. Tiene baja densidad y baja porosidad además de ofrecer una barrera contra la corrosión. No hablaré del sector aeronáutico y aeroespacial donde se ha convertido en uno de los materiales más importantes para el desarrollo de este sector. Es un recurso no renovable y debemos utilizarlo adecuadamente a la vez que debemos garantizar que se recicle o pueda integrar esos productos de gran valor donde la mejor opción es el aluminio. Esto nos pone en la tarea de recuperar cada lata de aluminio (las de bebidas carbonatadas) y pone el reto sobre todos los empaques laminados que contienen aluminio (el tetrabrik y los empaques metalizados de comida).

¿Por qué debemos preocuparnos por esto y por otros aspectos más de los que nos habla la sostenibilidad? Primero porque entre más escasos se vuelvan los recursos, más profundo en el corazón de la tierra debemos excavar para poderlos sacar y por supuesto esto trae consigo algunos problemas ambientales como contaminación de agua, suelo y emisiones al aire de algunas sustancias tóxicas y de mucho material particulado. Ahora, imagine que para respirar aire puro le toca pagar (como ocurrió mucho tiempo en Ciudad de México y ocurre en algunas ciudades en China hoy en día). Piense que para tomar un vaso con agua pura le tocará pagar algo desorbitante como unos mil dólares… y por supuesto no vivimos con un vasito al día y ahora mire a sus hijos y piense en la ración de ellos… en completar esos 2 ó 3 litros de líquido que requerimos los seres humanos. Espero también haya pensado en el resto de su familia y sus mascotas.

Saliendo un poco de estos temas de los que muchos no quieren saber o imaginar, miremos cómo podemos aportar desde modelos diferentes de la economía. A mi hay uno en particular que me gusta mucho: el trueque. ¡Ah, qué sabios son nuestros antepasados indígenas! Sacamos lo que no nos sirve y se lo damos a alguien que sí le sirva, a cambio recibimos algo que nos sirve. Pero claro, eso no lo vemos factible hoy con todo lo que consumimos y tal vez nos llevaría mucho tiempo poder hacerlo. Lo que sí podemos hacer es buscar una red de consumo colaborativo y allí poner nuestras “cosas” al servicio de los demás. Yo tengo un taladro y lo alquilo por horas; o tengo ropa que ya no uso y que le puede servir a alguien más; a cambio recibo algo que pueda necesitar, como juguetes para mis hijos o incluso comida.

Por otro lado, la economía circular nos lleva a otros modelos, como el de producto como servicio. Es decir ya no consumo el producto sino el servicio que me presta… por ejemplo una lavadora. Me parece ingenioso ver el sistema de alquiler de lavadoras en muchas regiones de Colombia. El primer caso lo vi hace 9 años atrás en la Guajira  y hoy lo veo en muchas regiones, especialmente con personas de estratos bajos y es una muestra de que se puede hacer. Yo no necesito comprar una lavadora, necesito el servicio. Por un lado, un modelo válido son los múltiples negocios de lavado de ropa y por otro esta ingeniosa solución de alquiler de lavadoras por horas o días. Lavo en mi casa o en un local, pero no requiero “consumir” una lavadora. Lo mismo se puede hacer con muchos productos que lo que debemos identificar es qué servicio nos prestan, por ejemplo los vehículos. Al final, debe salir la empresa que fabricó estos productos a recogerlos y buscar recuperar sus activos, es decir, los materiales de los que está hecho el producto. Ello lleva a cambios en el diseño de productos e incluso a abolir prácticas como el diseño para la obsolescencia.

¿Y qué propósito tiene todo esto? Primero hay algo importante y es que el dinero no se debe acumular y acumular y acumular, es un recurso que también debe fluir y estos modelos ayudan a esto. Segundo a que no compremos, compremos, compremos y compremos para acumular, acumular y acumular…. que pensemos en que hay energía almacenada en esos productos que pueden servir para alimentar otros sistemas. Por otra parte, esta nueva economía busca que fortalezcamos nuestras relaciones humanas y que dejemos de ser números; que sintamos cercanía con las empresas y que a la vez podamos ayudar a mejorar sus productos con mucha retroalimentación de la experiencia que vivimos con los servicios que nos prestan. Ayudamos también a ahorrar en recursos naturales y en energía, dejando otros recursos disponibles para mañana, como por ejemplo el agua y así no pensamos en esos escenarios de mil dólares el vasito, sino en escenarios de abundancia de recursos y de vida para nosotros.

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